BMW Z4 sDrive35is · 340 CV (2010)

2009
Gasolina
RWD
Automático 7v
BMW Z4 - Vista 1
BMW Z4 - Vista 2
BMW Z4 - Vista 3
BMW Z4 - Vista 4

Especificaciones y análisis del BMW Z4

Potencia

340CV

Par

450Nm

Consumo

9l/100

Emisiones

210g/km

0-100 km/h

4.8s

Vel. Máx.

250km/h

Peso

1600kg

Precio

64,100

Resumen técnico

Combustible

Gasolina

Transmisión

Automático 7v

Tracción

RWD

Plazas

2 / 2 puertas

Maletero

310 L

Depósito

55 L

Potencia

250 kW

Estado

Actual

Especificaciones técnicas

Motor

Potencia máxima340 CV / 250 kW
Par máximo450 Nm
Tipo de combustibleGasolina
TransmisiónAutomático 7v

Capacidades

Depósito55 L
Maletero310 L

Análisis detallado del BMW Z4 sDrive35is · 340 CV (2010)

Descripción general

El BMW Z4 sDrive35is no es solo un coche, es una declaración de intenciones. Representa la culminación de la filosofía roadster de BMW en su época: un capó interminable, una zaga corta y un puesto de conducción retrasado para sentir cada reacción del asfalto. Lanzado en 2010, esta versión se erigió como el pináculo de la gama, una máquina diseñada para devorar curvas a cielo abierto, fusionando la elegancia de un descapotable con la furia de un deportivo de pura cepa.

Experiencia de conducción

Ponerse a los mandos del Z4 sDrive35is es iniciar un torrente de emociones. El motor de seis cilindros en línea biturbo de 340 CV empuja con una contundencia brutal desde muy bajas vueltas, catapultándote hacia adelante en un susurro que se convierte en un aullido metálico adictivo. La tracción trasera te conecta directamente con la carretera, permitiendo un baile preciso y exigente en cada curva. La caja de cambios automática de doble embrague es un bisturí, ejecutando cada cambio con una velocidad y una decisión que intensifican la sensación de control absoluto. Es una experiencia visceral, donde el viento, el sonido y la velocidad se unen para crear pura felicidad al volante.

Diseño y estética

Su diseño es una escultura en movimiento. Las proporciones clásicas de roadster se ven acentuadas por líneas tensas y superficies cóncavas y convexas que juegan con la luz, creando una silueta musculosa y atlética. El techo duro retráctil le otorga una doble personalidad: la elegancia de un coupé y la libertad de un descapotable, sin comprometer su espectacular estética. Detalles como las llantas específicas de 18 pulgadas y los paragolpes más agresivos delatan su naturaleza prestacional, conformando una imagen que, incluso hoy, sigue girando cabezas y despertando pasiones.

Tecnología y características

Bajo su piel se esconde una ingeniería enfocada en el rendimiento. El corazón es su motor N54 con inyección directa y doble turbocompresor, una joya tecnológica que ofrece una respuesta inmediata y una elasticidad soberbia. Este propulsor se asocia a una transmisión DKG de 7 velocidades y a un chasis con suspensión adaptativa M, que permite variar la dureza para adaptarse a un tranquilo paseo o a un ataque en un puerto de montaña. La dirección asistida eléctrica y un potente equipo de frenos completan un conjunto tecnológico que busca maximizar la conexión entre el hombre y la máquina.

Competencia

En su momento, el Z4 sDrive35is se enfrentó a titanes del segmento. Su rival más directo era el Porsche Boxster S, el rey del equilibrio gracias a su motor central. También luchaba contra el Mercedes-Benz SLK 55 AMG, que apostaba por la fuerza bruta de su V8, y el Audi TT RS Roadster, con su exótico motor de cinco cilindros y la eficacia de la tracción total Quattro. Frente a ellos, el BMW ofrecía la receta clásica del motor delantero y la tracción trasera, pero aderezada con la modernidad y el carácter explosivo de su motor turbo, siendo la opción para quien buscaba un carácter más salvaje y un diseño espectacular.

Conclusión

El BMW Z4 sDrive35is es mucho más que un coche rápido; es una experiencia sensorial completa. Es un roadster que apela directamente al corazón, un futuro clásico que encapsula lo mejor de una era dorada para BMW. Combina una potencia abrumadora con un diseño atemporal y la versatilidad de su techo duro. No es el más práctico ni el más eficiente, pero cada kilómetro recorrido a sus mandos es una recompensa, un recordatorio de por qué amamos conducir. Es una máquina de pura emoción, creada para disfrutar del viaje por encima del destino.