Especificaciones y análisis del SEAT Altea
Potencia
170CV
Par
350Nm
Consumo
6.2l/100
Emisiones
167g/km
0-100 km/h
8.6s
Vel. Máx.
211km/h
Peso
1521kg
Precio
24,328€
Resumen técnico
Gasóleo
Manual 6v
FWD
5 / 5 puertas
409 L
55 L
125 kW
Actual
Especificaciones técnicas
Motor
Capacidades
Análisis detallado del SEAT Altea 2.0 TDI 170 CV FR (2006-2007)
Descripción general
El SEAT Altea 2.0 TDI 170 CV FR de 2004 es una propuesta audaz y deportiva dentro del segmento de los monovolúmenes compactos. Con su motor diésel de 170 CV, este Altea no solo prometía espacio y versatilidad, sino también una experiencia de conducción emocionante, algo poco común en su categoría. Representó un intento de SEAT por inyectar pasión y dinamismo en un tipo de vehículo tradicionalmente más enfocado en la funcionalidad, ofreciendo un equilibrio interesante para quienes buscaban algo más que un simple transporte familiar.
Experiencia de conducción
Al volante del Altea FR, la sensación predominante es la de un coche con carácter. El motor 2.0 TDI de 170 CV empuja con contundencia desde bajas revoluciones, gracias a sus 350 Nm de par, lo que se traduce en una aceleración de 0 a 100 km/h en 8.6 segundos y una velocidad máxima de 211 km/h. La caja de cambios manual de 6 velocidades permite exprimir al máximo este propulsor, ofreciendo una respuesta ágil y directa. La suspensión, más firme en esta versión FR, proporciona un buen control de la carrocería en curvas, transmitiendo confianza y un tacto deportivo que invita a disfrutar de la carretera, sin sacrificar en exceso el confort en el día a día. Es un coche que se siente plantado y seguro, con una dirección asistida eléctrica que, aunque no es la más comunicativa, cumple su función con precisión.
Diseño y estética
El diseño del SEAT Altea FR de 2004 es inconfundiblemente SEAT, con líneas que evocan deportividad y modernidad. Su carrocería de 5 puertas, a medio camino entre un monovolumen y un compacto, destacaba por su silueta dinámica y sus marcados pasos de rueda. La versión FR añadía detalles estéticos que realzaban su carácter deportivo, como llantas de 17 pulgadas con neumáticos 225/45 R17, paragolpes específicos y una parrilla distintiva. En el interior, el diseño era funcional y ergonómico, con un salpicadero bien organizado y materiales de calidad aceptable para la época. Los asientos deportivos ofrecían una buena sujeción, complementando la experiencia de conducción dinámica.
Tecnología y características
En el apartado tecnológico, el Altea FR de 2004 incorporaba elementos que, si bien hoy pueden parecer básicos, eran relevantes en su momento. El motor 2.0 TDI con inyección directa por bomba inyector, turbo de geometría variable e intercooler, era una muestra de la ingeniería diésel de la época, buscando eficiencia y rendimiento. Contaba con frenos de disco ventilados de 312 mm delante y discos de 286 mm detrás, asegurando una buena capacidad de frenado. La dirección asistida eléctrica contribuía a la facilidad de manejo. En cuanto a equipamiento, ofrecía lo esperable para un coche de su segmento y precio, con un enfoque en la seguridad y el confort básico, aunque sin grandes alardes tecnológicos que hoy son comunes.
Competencia
En su momento, el SEAT Altea 2.0 TDI 170 CV FR se enfrentaba a rivales como el Volkswagen Touran, el Opel Zafira o el Ford C-MAX, aunque su enfoque deportivo lo diferenciaba. Mientras que sus competidores priorizaban la modularidad y el espacio, el Altea FR buscaba atraer a aquellos que, necesitando un coche familiar, no querían renunciar a las prestaciones y a un tacto de conducción más dinámico. Su propuesta era única, combinando la versatilidad de un monovolumen con el espíritu de un compacto deportivo, lo que lo posicionaba en un nicho particular del mercado.
Conclusión
El SEAT Altea 2.0 TDI 170 CV FR de 2004 fue un coche que supo combinar la practicidad de un monovolumen con la emoción de un deportivo. Su potente motor diésel y su puesta a punto específica lo convertían en una opción atractiva para quienes buscaban un vehículo familiar con un plus de dinamismo. Aunque su diseño pudo ser polarizante y su interior no destacaba por lujos, ofrecía una experiencia de conducción gratificante y un buen equilibrio entre prestaciones y consumo. Fue un modelo que demostró que la funcionalidad no tiene por qué estar reñida con la pasión por conducir, dejando una huella distintiva en el segmento.




